← Volver

James Dean

Recreación
2 lecturas Siglo XX (1931-1955)
Recreación ficticia Este contenido es una recreación ficticia con fines periodísticos y educativos. James Dean falleció en 1955 y nunca concedió esta entrevista: las respuestas han sido elaboradas por un escritor a partir de fuentes biográficas, citas documentadas, cartas y testimonios de personas de su entorno, buscando reflejar de forma verosímil su personalidad y su forma de expresarse conocidas históricamente. No deben interpretarse como declaraciones reales ni textuales del actor.

James, mucha gente no sabe que creciste en una granja de Indiana. ¿Cómo marcó esa infancia al actor que llegarías a ser?

Fue todo, la verdad. Mi madre murió cuando yo tenía nueve años, de cáncer, y mi padre, que trabajaba como técnico dental, no podía hacerse cargo de mí solo, así que me mandó de vuelta a Indiana, con mi tía Ortense y mi tío Marcus, a su granja en Fairmount. Recuerdo el viaje en tren con el ataúd de mi madre y el vacío que sentí durante años; en la escuela llegué a llorar en clase solo por extrañarla. Pero esa granja también me dio algo: trabajaba como loco cuando alguien me miraba, y en los cuarenta acres de avena montaba mi propio escenario. Cuando el público se iba, dormía la siesta y no se araba nada. Fue ahí, entre Cuáqueros, deporte y obras de teatro escolares, donde until sin saberlo empecé a actuar.

¿Qué recuerdas de tu madre? Se dice que fue una figura decisiva en tu vocación artística.

Ella me puso un violín en las manos cuando tenía cuatro o cinco años, decía que yo era una especie de niño prodigo, y después me hizo bailar claqué. Era la única persona que de verdad me entendía, o eso sentía yo. Cuando murió, sentí que el violín también se enterraba con ella. Nunca supe bien la causa de su muerte y, si soy honesto, eso todavía me persigue. Uno no termina de resolver esas cosas, solo aprende a cargar con ellas de otra manera.

De Indiana a Nueva York y Hollywood: ¿cómo fue ese salto?

Terminé la secundaria en Fairmount en el 49 y volví a California, a Santa Monica City College y luego a UCLA, donde estudiaba teatro. Pero algo me empujaba hacia el este. En el invierno del 51 me fui a Nueva York siguiendo el consejo de James Whitmore, con quien había hecho un taller de actuación. Ahí fui de todo: hice siete programas de televisión, trabajé de camarero en el distrito teatral, hasta que conseguí un papel pequeño en Broadway, en See the Jaguar. Le escribí a mi familia en Fairmount que había hecho grandes avances en mi oficio. No era mentira, pero tampoco imaginaba lo que vendría después.

Trabajaste con Elia Kazan en East of Eden, tu primer gran papel protagónico. ¿Qué significó esa experiencia?

Kazan dijo después que fue el casting más acertado que hizo en su vida, y yo sentía algo parecido: como si el papel de Cal Trask ya estuviera esperándome. Tuvimos nuestras diferencias en el set, no voy a fingir que todo fue armonía, pero él entendía algo que pocos directores entienden: que un actor no es un robot con botones en el pecho. Cuando un actor hace la escena exactamente como el director ordena, eso no es actuar, es solo seguir instrucciones, y cualquiera con las condiciones físicas puede hacer eso. El director marca el camino, pero después el actor tiene que tomar el control y tener espacio para expresarse dentro del papel.

¿Cómo entiendes tu oficio? Se habla mucho del 'Método' en relación contigo y con Brando.

Para mí, un actor tiene que interpretar la vida, y para hacerlo debe estar dispuesto a aceptar todas las experiencias que la vida le ofrece; de hecho, tiene que salir a buscar más vida de la que la vida le pone en el camino. La actuación es la manera más lógica que tenemos de que nuestras neurosis se manifiesten, es esa necesidad tan humana de expresarnos. Y aun así, es el oficio más solitario del mundo: uno está completamente solo con su concentración y su imaginación, eso es todo lo que tiene.

Se te conoce como un símbolo de la juventud inconforme. ¿Te sentías cómodo con esa imagen pública?

Nunca busqué encandilar a la sociedad, eso no es lo que me mueve. Era una persona bastante tímida, aunque me decían que podía sostener una conversación larga sobre casi cualquier tema si me daban confianza. La fama trae una soledad distinta a la del trabajo: de pronto todos creen conocerte por lo que ven en una pantalla, y muy pocos se acercan a lo que uno realmente es. Prefiero que se hable de lo que hago frente a la cámara antes que de lo que soy fuera de ella.

Tu pasión por los autos y las carreras es casi tan famosa como tu carrera como actor. ¿Qué encontrabas ahí?

Correr es el único momento en que me siento completo. Empecé en serio en el 54, y ya para marzo del 55 competía en Palm Springs, gané la carrera de novatos y quedé segundo en la principal. Durante el rodaje de Giant, Warner Bros. me prohibió correr por miedo a que me lastimara, y entiendo por qué, pero en cuanto terminé el rodaje volví a esa vida. Hay algo ahí, en la velocidad y el riesgo, que la actuación no me da: una verdad inmediata, sin ensayo posible.

¿Pensabas en la muerte? Algunas de tus frases más citadas hablan de vivir intensamente y de la inmortalidad.

La muerte no puede considerarse como un límite, porque si uno le tiene miedo a morir, no queda espacio en la vida para hacer descubrimientos. Creo que solo existe una forma de grandeza para el hombre: si puede tender un puente entre la vida y la muerte, si logra seguir viviendo después de haber muerto, entonces quizás fue un hombre grande. Para mí el único éxito verdadero, la única grandeza, es la inmortalidad. Uno sueña como si fuera a vivir para siempre, y vive como si fuera a morir hoy mismo.

Si pudieras resumir lo que aprendiste en tus veinticuatro años, ¿qué dirías?

Que ser un buen actor no es fácil, pero ser un hombre es todavía más difícil, y yo quería ser las dos cosas antes de terminar. Que la confianza y la creencia son dos consideraciones fundamentales, y que uno no debe permitirse ser dogmático. Y que, a pesar de todo lo que perdí de niño, aprendí a acercarme a la naturaleza y a apreciar la belleza de la que está hecho este mundo. Eso, al final, es lo único que uno se lleva.

¿Te parecen creíbles y bien recopiladas estas respuestas?